Welcome Weekend
Consumidor, inteligencia artificial y déficit: los tres motores de la economía estadounidense
Consumidor, inteligencia artificial y déficit: los tres motores de la economía estadounidense
Durante los últimos cincuenta años, comprender la economía mundial era relativamente sencillo. Si uno quería anticipar el ciclo económico global bastaba con responder a una pregunta: ¿cómo se encuentra el consumidor estadounidense?
La lógica era simple. Estados Unidos representa aproximadamente una cuarta parte del PIB mundial y alberga el mercado de consumo más grande del planeta. Cuando los hogares americanos gastaban más, las exportaciones alemanas crecían, las fábricas asiáticas aumentaban su producción, el turismo internacional se aceleraba y la demanda global de materias primas se fortalecía. El consumidor americano actuaba como el gran motor de la economía mundial.
Sin embargo, en los últimos años el debate económico ha girado hacia otros temas. Primero fueron la inflación y las subidas de tipos. Después, la revolución de la inteligencia artificial. Más recientemente, las tensiones geopolíticas y los conflictos en Oriente Medio han monopolizado la atención de los mercados.
En medio de todo este ruido, el consumidor estadounidense ha desaparecido de las conversaciones. Paradójicamente, es precisamente ahora cuando merece volver al centro del análisis.
La narrativa dominante sostiene que el consumidor continúa siendo extraordinariamente resistente y que la economía estadounidense dispone además de un segundo motor de crecimiento gracias a la inteligencia artificial. Desde esta perspectiva, incluso si la inversión tecnológica se moderara en los próximos años, los hogares volverían a asumir el protagonismo que han tenido durante gran parte de las últimas décadas.
Pero existe otra interpretación. Quizá el consumidor no está demostrando fortaleza. Quizá simplemente está demostrando resistencia. Y resistencia no es lo mismo que salud.
De hecho, un análisis más detallado de los datos sugiere que el crecimiento del consumo estadounidense descansa cada vez menos sobre el crecimiento de los ingresos y cada vez más sobre una combinación de ahorro acumulado, revalorización de activos financieros y apoyo fiscal.
El consumidor americano: el gran motor de la economía mundial
La singularidad de la economía estadounidense se aprecia claramente cuando se compara con otras grandes regiones económicas.
Mientras que en Europa el consumo privado representa aproximadamente algo más de la mitad del PIB, en Estados Unidos alcanza cerca de dos terceras partes de toda la actividad económica. China presenta una estructura todavía más diferente. Su crecimiento ha dependido históricamente de la inversión, la construcción y las exportaciones, mientras que el consumo ha desempeñado un papel relativamente secundario.
Estados Unidos, por el contrario, construyó un modelo económico basado en la demanda interna. Esta característica ha convertido al consumidor americano en uno de los activos económicos más importantes del mundo. Las ventas de automóviles, el gasto en ocio, el consumo de bienes tecnológicos o el mercado inmobiliario estadounidense tienen repercusiones globales.
Por ello, los inversores siempre han prestado enorme atención a variables como:
El empleo.
Los salarios.
La confianza del consumidor.
Las ventas minoristas.
El ahorro de los hogares.
La lógica es sencilla. Si el consumidor se mantiene fuerte, la economía crece. Si el consumidor flaquea, el crecimiento se resiente. El problema es que esa relación aparentemente sencilla podría estar ocultando una realidad mucho más compleja.
La ilusión de la fortaleza
A primera vista, los datos parecen tranquilizadores. A pesar del endurecimiento monetario más agresivo de las últimas décadas, el consumo ha continuado creciendo. La inflación alcanzó niveles históricamente elevados. Los tipos de interés subieron de forma abrupta. El mercado laboral se ha ido moderando. Y aun así los hogares estadounidenses siguieron gastando. Muchos inversores interpretaron esta evolución como una demostración de fortaleza.
Sin embargo, existe otra forma de leer los mismos datos. Los consumidores pueden seguir gastando durante bastante tiempo incluso cuando su situación financiera comienza a deteriorarse. Las familias no ajustan automáticamente su nivel de gasto cuando sus ingresos se ralentizan. Antes suelen recurrir al ahorro acumulado. Después utilizan crédito. Y sólo cuando ambos mecanismos empiezan a agotarse modifican sus hábitos de consumo.
Precisamente eso es lo que empieza a preocupar a algunos analistas. Porque varios indicadores sugieren que el consumidor sigue gastando, pero cada vez dispone de menos recursos para hacerlo. La fortaleza aparente podría estar ocultando una vulnerabilidad creciente.
El poder adquisitivo vuelve a deteriorarse
Uno de los principales apoyos del consumidor durante la crisis inflacionista posterior a la pandemia fue el crecimiento salarial. Aunque los precios subían con fuerza, los salarios también crecían a ritmos elevados. Esta circunstancia permitió absorber buena parte del impacto inflacionario. Pero esa situación parece estar cambiando. La inflación vuelve a superar el crecimiento salarial. Cuando los precios aumentan más rápido que las remuneraciones, los hogares pierden capacidad adquisitiva. La consecuencia es evidente. Cada vez hace falta una proporción mayor de los ingresos para mantener el mismo nivel de vida.
El impacto es especialmente importante porque afecta simultáneamente a múltiples áreas del presupuesto familiar. Los consumidores no sólo deben afrontar mayores costes energéticos. También soportan un aumento de los costes asociados al transporte, la alimentación, los viajes y numerosos servicios cotidianos. La pérdida de poder adquisitivo no suele reflejarse de forma inmediata en los datos de consumo. Lo hace con retraso, pero termina reflejándose.
El consumo ya no depende de los ingresos
Quizá el dato más preocupante sea otro. Durante los últimos meses se ha observado una divergencia creciente entre la evolución de la renta disponible real y la evolución del consumo. En otras palabras, los ingresos reales muestran una trayectoria más débil mientras el gasto continúa resistiendo. Esa diferencia debe financiarse de alguna forma, mediante ahorro.
La tasa de ahorro de los hogares estadounidenses se encuentra cerca de niveles históricamente reducidos. Esto implica que una parte creciente del consumo actual no está siendo financiada por mayores ingresos, sino por recursos acumulados previamente. Esta situación puede mantenerse durante un tiempo. Pero difícilmente puede prolongarse indefinidamente. La gran cuestión es cuánto tiempo más puede seguir haciéndolo.
La fractura oculta: ya no existe un único consumidor americano
Otra de las transformaciones más relevantes pasa desapercibida cuando observamos únicamente los datos agregados. Cada vez resulta menos preciso hablar del consumidor estadounidense como si fuese un único colectivo. En realidad, existen dos consumidores muy diferentes.
El primero está compuesto por hogares con elevados niveles de patrimonio financiero. Se benefician de la subida de las bolsas, poseen activos inmobiliarios, reciben herencias y transferencias intergeneracionales de riqueza. Su comportamiento de consumo continúa siendo relativamente sólido.
El segundo depende fundamentalmente de salarios. Tiene menor exposición a los mercados financieros. Y soporta de forma mucho más directa el impacto de la inflación.
Mientras unos siguen viajando, consumiendo experiencias y aumentando determinados gastos discrecionales, otros muestran claros síntomas de agotamiento financiero. Esta divergencia es especialmente importante porque significa que el consumo agregado puede mantenerse aparentemente fuerte incluso cuando una parte significativa de los hogares comienza a deteriorarse. Los promedios esconden realidades muy distintas.
El segundo motor: la inteligencia artificial
Precisamente cuando empiezan a aparecer estas grietas en el consumidor surge un nuevo motor económico.
La inteligencia artificial.
La magnitud de las inversiones asociadas a esta revolución tecnológica es difícil de exagerar.
Los grandes grupos tecnológicos están destinando cantidades récord a:
Centros de datos.
Infraestructuras eléctricas.
Equipamiento computacional.
Semiconductores.
Software.
Investigación y desarrollo.
Esta ola inversora ha sido tan intensa que diversos análisis concluyen que las actividades relacionadas con la IA han aportado una contribución significativa al crecimiento económico reciente.
De alguna manera, la inteligencia artificial está compensando parte de la pérdida de impulso que empieza a observarse en otros sectores. Esto ayuda a explicar por qué la economía estadounidense continúa creciendo a un ritmo notable.
Pero también introduce una nueva dependencia. Cada vez una mayor parte del crecimiento procede de la inversión tecnológica. Y toda ola de inversión termina normalizándose tarde o temprano.
El tercer motor: el déficit público
Existe además un tercer factor que recibe mucha menos atención. El déficit público.
Estados Unidos mantiene actualmente uno de los mayores déficits fiscales observados fuera de periodos de guerra o recesión. Las estimaciones recientes sitúan el déficit federal alrededor del 6% del PIB. Estas cifras son extraordinarias y tienen una consecuencia directa. Cuando el Gobierno gasta sistemáticamente más de lo que recauda, introduce demanda adicional dentro de la economía. Parte del crecimiento actual procede directamente de ese estímulo fiscal. Así pues, el excepcionalismo estadounidense no depende exclusivamente del consumidor o de la innovación tecnológica.
Muchos inversores atribuyen la superioridad económica estadounidense exclusivamente a la innovación tecnológica. La realidad es más compleja. El excepcionalismo americano tiene una dimensión fiscal.
Mientras numerosos gobiernos europeos han aplicado políticas presupuestarias relativamente restrictivas, Estados Unidos ha mantenido una política fiscal mucho más expansiva. La diferencia es visible en las tasas de crecimiento. No toda la diferencia entre Estados Unidos y Europa puede explicarse por la tecnología. Tampoco por el comportamiento de los consumidores. Una parte significativa tiene relación con el impulso fiscal proporcionado por Washington. El gasto y la inversión pública aportan al crecimiento del PIB el doble de la media histórica. Por tanto, ignorar este factor supone analizar sólo una parte de la historia.
Consumidor, IA y déficit: un círculo virtuoso
Lo más interesante es que los tres motores de crecimiento no operan de forma independiente. Están profundamente conectados. El déficit público incrementa la demanda agregada. La demanda favorece los ingresos empresariales. Los beneficios facilitan nuevas inversiones. Las inversiones generan empleo y riqueza financiera. La riqueza impulsa el consumo. Y el consumo vuelve a reforzar el crecimiento económico.
Esta interacción ayuda a explicar por qué la economía estadounidense ha resistido mejor de lo esperado al endurecimiento monetario. Muchos economistas anticipaban una desaceleración mucho más severa. Sin embargo, la combinación simultánea de consumo, inversión tecnológica y estímulo fiscal permitió evitarla.
El verdadero riesgo para la próxima década
La gran pregunta para los próximos años no es si la inteligencia artificial seguirá creciendo al ritmo actual. Probablemente no lo hará. Tampoco es razonable esperar que los déficits públicos permanezcan indefinidamente en niveles cercanos al 6% del PIB. Y, en algún momento, el consumidor podría moderar su ritmo de gasto.
El verdadero riesgo consiste en que varios de estos motores pierdan fuerza simultáneamente. Si la inversión en inteligencia artificial resulta ser menos rentable de lo previsto o no se producen las mejoras de productividad esperadas, las exigentes valoraciones de la bolsa americana podrían ceder y por el efecto riqueza afectar a la propensión al consumo de los americanos.
Welcome AM
917 829 206
Paseo de la Castellana 110, 4ª planta, 28046, Madrid.
El presente documento ha sido elaborado por Welcome Asset Management, SGIIC, S.A. (“Welcome AM SGIIC”) con el fin único y exclusivo de recoger las opiniones y expectativas del equipo de profesionales de dicha sociedad sobre la actualidad de los mercados financieros. Dichas opiniones y expectativas no constituyen, en ningún caso, recomendaciones en materia de inversión ni una oferta para la adquisición o suscripción de instrumentos financieros. El contenido del presente documento está basado en información que se considera correcta y que ha sido obtenida de la información pública disponible y de las propias estimaciones del equipo de profesionales de Welcome AM SGIIC. No obstante, ni Welcome AM SGIIC ni ninguno de sus respectivos administradores, directivos y empleados garantizan la integridad y exactitud del contenido del presente documento, el cual no deberá interpretarse como que refleja íntegramente el pasado, presente y futuro de las entidades que se mencionan en el mismo. Las conclusiones del presente documento se fundamentan en condiciones económicas y de mercado vigentes a fecha de hoy, las cuales podrían experimentar alteraciones, lo que obligaría a revisar algunas de las hipótesis asumidas en el mismo. Welcome AM SGIIC no ha realizado ni obtenido de un experto una verificación independiente acerca de la exactitud e integridad de la información que ha servido de base para la elaboración del presente documento, ni una confirmación de la razonabilidad de las hipótesis utilizadas para el mismo. La información que se incluye en el presente documento se ha obtenido de fuentes consideradas fiables, y aunque se ha tenido un cuidado razonable para garantizar que la información que incluye no sea ni incierta ni equívoca en el momento de su publicación, no se garantiza que sea exacta y completa. El presente documento lleva implícito la formulación de juicios subjetivos. En particular, gran parte de los criterios utilizados se basan, en todo o en parte, en estimaciones sobre los resultados futuros de las entidades mencionadas en el mismo, por lo que dadas las incertidumbres inherentes a cualquier información concerniente al futuro, algunas de estas hipótesis podrían no materializarse tal y como se han definido. Este documento no constituye, y no puede ser utilizado como una oferta para la inversión, suscripción o adquisición de instrumentos financieros. Cualquier decisión de compra o venta sobre los valores emitidos por las entidades mencionadas en el mismo, deberá adoptarse teniendo en cuenta la información pública existente sobre tales valores y, en su caso, atendiendo al contenido del folleto o folletos registrados en los organismos supervisores correspondientes. Los receptores de este documento deberán tener en cuenta que los valores o instrumentos a los que el mismo se refiere pueden no ser adecuados a sus objetivos de inversión o a su posición financiera, y que los resultados históricos de las inversiones no garantizan resultados futuros. En consecuencia con todo lo anterior, ni Welcome AM SGIIC, ni sus respectivos socios, administradores, directivos y empleados, asumen responsabilidad alguna por los daños o perjuicios que, directa o indirectamente, pudieran derivarse de las decisiones que se adopten sobre la base del presente documento ni del uso que sus destinatarios hagan de la misma. Sus datos personales se encuentran albergados en un fichero automatizado en nuestras oficinas de Madrid, en Paseo de la Castellana, 110, 4ª Planta - 28046 Madrid. A menos que se especifique lo contrario, estos datos pueden ser utilizados por Welcome AM SGIIC con el propósito de remitirle comunicaciones comerciales. En caso de querer ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición, por favor, póngase en contacto con nosotros a través de la dirección de email dpo@welcome-am.com En caso de que no desee recibir ninguna comunicación por parte de Welcome AM SGIIC, por favor notifíquenoslos a través de la dirección del email dpo@welcome-am.com Welcome Asset Management, SGIIC, S.A., Inscrita en el Registro Mercantil de Madrid al tomo 43.333, folio 83, hoja M-765.532, y con CIF A-58.373.812, e inscrita en el Registro de Sociedades Gestoras de Instituciones de Inversión Colectiva de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (“CNMV”) con el número 78.









