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Yuan More Time
Yuan More Time: el yuan vuelve a escena
La guerra en Irán en 2026 no solo ha alterado el equilibrio geopolítico en Oriente Medio, sino que está acelerando una transformación más profunda: el cuestionamiento del dominio global del dólar y la apreciación del yuan chino como moneda internacional. Paradójicamente, parte de este cambio ha sido impulsado por la propia política exterior estadounidense. Quién le iba a decir a Trump que sus políticas y acciones acabarían beneficiando a China.
La estrategia de Estados Unidos basada en sanciones financieras, control del sistema SWIFT y uso del dólar como herramienta geopolítica ha incentivado a países rivales a buscar alternativas. China ha sido el principal beneficiario de esta dinámica, no solo promoviendo el uso del yuan en comercio internacional, sino construyendo una arquitectura financiera paralela que reduce la dependencia del sistema dominado por el dólar.
La guerra en Irán ha aumentado esta tendencia. El conflicto ha generado un shock energético, con tensiones en el Estrecho de Ormuz y un fuerte repunte del petróleo, y este tipo de disrupciones son históricamente catalizadores de cambios en las formas de mover el dinero. Cuando los flujos energéticos comienzan a diversificarse en términos de moneda de facturación, se abre una grieta directa en el sistema del petrodólar. Como hizo Iraq en el 2000 denominando sus ventas de petróleo en euros en lugar de dólares
De hecho, varios actores clave están explorando o implementando el uso del yuan en transacciones energéticas. Irán, con pocas alternativas debido a las sanciones, ha intensificado la denominación de sus exportaciones en yuanes, mientras que países del Golfo han comenzado, aunque de forma gradual, a considerar mecanismos de pago alternativos. Este movimiento no es táctico: forma parte de una tendencia más amplia de desdolarización en la que la moneda deja de ser solo un instrumento económico y pasa a ser una variable geopolítica.
Sin embargo, entender la apreciación del yuan exige mirar más allá de la geopolítica inmediata. La clave está en la transformación interna de China.
China se enfrenta a una contracción demográfica de carácter estructural, más cercana a un shock civilizacional que a un simple envejecimiento. Su población en edad de trabajar podría reducirse drásticamente en las próximas décadas sin que exista un detonante clásico como guerra o epidemia. Este cambio altera profundamente su modelo económico: el exceso de mano de obra que durante décadas alimentó su papel como “fábrica del mundo” deja de ser un viento de cola y se convierte en un freno estructural.
Esto tiene implicaciones directas para el yuan. Una economía que ya no puede sostener crecimiento vía expansión de fuerza laboral necesita reequilibrarse hacia capital, tecnología y control financiero. En ese contexto, la internacionalización de la moneda no es solo una ambición estratégica, sino una necesidad: permite a China reducir su dependencia externa y ganar margen de maniobra en un entorno de menor crecimiento potencial. ¿podría ser por esta razón China un gran beneficiado de la implementación de la IA? Menos masa laboral, pero menos puesto de trabajo sustituidos por la IA.
En paralelo, el país ha ganado peso en producción tecnológica. Según el National Bureau of Economic Research, China ya genera más del 30% de las publicaciones científicas globales, superando a Estados Unidos en volumen. Pero este liderazgo convive con una fragmentación en su integración global: el sistema sigue estando parcialmente aislado, igual que ocurre con su moneda.
Esta dualidad, escala sin plena integración, se refleja también en su economía industrial. El reciente repunte del PMI por encima de 50 sugiere expansión, pero los precios cuentan otra historia: los costes de producción están aumentando mucho más rápido que los precios de venta. La salida del PPI de territorio deflacionario, tras más de tres años, marca un punto de inflexión clave. Lo que no podemos ignorar cuando analizamos publicaciones de datos en China es como de veraces son.
Aquí es donde el análisis monetario se vuelve especialmente relevante.
Durante décadas, China ha actuado como ancla deflacionaria global, exportando bienes baratos que contenían la inflación en economías desarrolladas. Como podemos observar en el siguiente gráfico, China cada vez exporta bienes de mayor valor añadido. Si ese rol desaparece, por envejecimiento, aumento de costes o restricciones políticas, el sistema global pierde uno de sus pilares deflacionistas invisibles. Y con ello, cambia el equilibrio de monedas.
Un mundo con mayor inflación estructural y tipos de interés más altos es, por definición, un mundo menos estable para el dominio absoluto del dólar. El dominio monetario estadounidense se ha apoyado no solo en la profundidad de sus mercados y la estabilidad institucional, sino en un entorno global que facilitaba liquidez abundante y baja volatilidad. Si ese entorno cambia, aumenta el espacio para monedas alternativas, aunque no sustituyan completamente al dólar.
En este contexto, China ha acelerado su estrategia de internacionalización del yuan. Ha desarrollado sistemas como CIPS, promovido acuerdos bilaterales en moneda local y fomentado su uso en comercio energético y con economías emergentes. El yuan ya no es solo una moneda doméstica con aspiraciones globales, sino una pieza activa en la reconfiguración del sistema financiero. A raíz de todas las sanciones China, Rusia y Brasil, acordaron pagos
Pero su ascenso tiene límites claros. China mantiene controles de capital, su sistema financiero carece de la transparencia y profundidad de los mercados estadounidenses, y la confianza institucional sigue siendo inferior. Además, su propia transición económica, marcada por menor crecimiento, presión sobre márgenes industriales y riesgo de “japonización” o zombificación, introduce tensiones internas que dificultan una apertura completa. Sí nos parece interesante cómo Xi Jinping ha aprovechado la inestabilidad percibida por el mercado en torno a la política de Trump. En particular, este año ha intensificado su discurso, enfatizando la estabilidad y la seguridad de China con el objetivo de atraer flujos internacionales.
El debate no es si el yuan sustituirá al dólar, no lo hará en el corto ni medio plazo, sino cómo cambia la distribución del poder monetario en un mundo más fragmentado.
La guerra en Irán ha actuado como catalizador, pero el movimiento es más profundo: una China que envejece, que deja de exportar deflación y que busca mayor autonomía financiera empuja hacia un sistema donde el dólar sigue siendo dominante, pero ya no incuestionable.
En ese nuevo orden, el yuan no reemplaza al dólar, pero sí gana relevancia en los márgenes críticos del sistema: comercio energético, bloques geopolíticos alternativos y economías que buscan reducir su exposición al riesgo político estadounidense.
Como ocurre a menudo, el cambio no llegará en forma de ruptura visible, sino como una erosión progresiva. No habrá un momento en el que el dólar “caiga”, pero sí un proceso en el que, transacción a transacción, acuerdo a acuerdo, el yuan vaya ocupando espacio. Por esta razón seguimos defendiendo que en el corto/medio plazo el EUR/USD lo vemos en un rango 1,14-1,20 y aprovecharíamos los altos y bajos para coger o reducir exposición a USD.
Y en mercados, eso es lo único que importa: no quién domina hoy, sino quién está ganando terreno.
Evolución mercados
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